Caída

Llevaba mucho tiempo ignorando los colores del amanecer.
Observaba con temor los días. Quizá los sueños habían terminado conmigo.
¿No lo había logrado?
Quien sabe...
No busco aquella respuesta.
Lo verdaderamente interesante de esto es que busco salidas dentro del laberinto que ya he recorrido. Pero aún así, temo por otra caída.

Vengo huyendo de las garras de los cientos de murciélagos que aún tratan de beber de mi cuerpo.
Los días son eternos.
La niña de sus ojos ha muerto muchas veces, así que no sé que hacer.

La lluvia retumba sobre mis orejas, llevó siglos atrapada.
Madre, los sueños se convirtieron en pesadillas, y las noches llevas de canciones de cuna ahora son solo un recuerdo monstruoso.

La caída más dura fue el destierro.

EL REGRESO A LA COSTA

Tres años pasaron, los escritores anónimos se mostraron furiosos, la determinación desapareció y no hubo por tal tiempo una esperanza. La lucha contra sus demonios fue brutal. Cada mes hicieron de aquel escritor un pedazo de carne podrida. Cada mes, la luz se apagaba, y marchitas las margaritas, se iban hundiendo más y más junto a sus fuerzas.

Había ocurrido mucho. Pronto se dio cuenta que el amor no siempre es causa de grandes descubrimientos para la pluma. Se dio cuenta que muchas veces las caídas y los momentos difícil son esenciales para la búsqueda del nacimientos de hijos.

Había olvidado a los seres que tanto amo. Olvido que los amaba tanto.

En realidad había olvidado un amor que nunca le enseñaron a usar. Tal vez era muy obvio. Tal vez las emociones lo vencieron. Ni si quiera reconocía al sol. Las nubes eran más cercanas. Pero es que no es invierno para siempre. Pero había estado tan acostumbrado... Ya el gris era parte de su vida.

Es que con la vista en la playa los miro a lo lejos. Pero no supo quienes eran, algunos eran tímidos.
Hasta que se acercaron, sus alas llenas de sangre lo hicieron sentir culpable.
Él los había dañado. Estuvieron cerca de la muerte así que no supo que decirles.
Pero ellos si.
"Nunca vi tanta oscuridad en toda mi vida".
Se sonrojo avergonzado, tenía toda la culpa, los olvidó.
Asumiría toda la responsabilidad.
Otro de ellos, sucio y con muchos golpes como ninguno le dijo
"Te buscamos tanto tiempo"
Nuevamente se sonrojo.
"Pero... Pero pudimos vencerlos".
Termino.

Caminos

Desaparecimos.
Dimos por muerto muchas cosas,
la amistad fue haciéndose solo un recuerdo
y los momentos... Ellos ya no volverán,
por que se marcharon con muchas sonrisas
y llantos de tristeza que fueron un dolor puro
en aquel tiempo.
Los abrazos se marcharon, el tacto fue olvidado,
la angustia y preocupación se esfumaron,
los "Buenos días" hoy ya no son ni siquiera una
mirada, son solo recuerdos que van muriendo,
esos que sabes que dejaran de doler en algún momentos,
esos que dejaran de existir.
Hoy las cosas son un poco difíciles,
ya no hay buenos deseos, pero la individualidad
junto los sentimientos se están marchando,
tal vez voy por buen camino,
tal vez solo era el único escape que tenía.
A veces ya ni siquiera sonrió,
las emociones empiezan a borrarse y
una tranquilidad en cada suspiro me dice
"Sabes que es lo correcto".
Entonces no huyo y no busco el camino que tomaste.
Entonces olvido...
Empiezo a olvidarme de ti y de mí.


HUELLA - CAPÍTULO 1

Capítulo 1:

Hace 11 años su padre dijo:
-Tu madre se fue. No la esperes.
En ese momento no entendio si se refería a que no volvería jamás o no volvería aquel día.
Pero lo cierto es que ella no volvia mes tras mes.
Lo supuso.
Ella se había marchado y si algún día volvía le diría que la había extrañado.
Hasta que tal día llegara -tal vez pronto- la abrazaría. O tal ves lloraría.
Pero pronto esperaba saberlo.
Siendo hija única su infancia más que normal fue insípida.
Su padre tomaba cada sábado. Asi que cada fin de semana ella aguardaba en su pequeña habitación. Releyendo cuentos que tía Sara le había regalado por navidad.
Sara era la hermana menor de su padre. Apenas había cumplio 32 el verano pasado. Así que cada ves que podía iba y se quedaba con ella. Sara sabía que era perder a uno de sus padres. El abuelo murio joven. En un enfrentamiento por tierras, asi que no llego a criar a Sara. Aunque siempre hacia enfasis en ese tema para lograr un parentesco y no sentirse tan sola, Kala sabía que no era lo mismo. La abuela era buena con todos, bueno, lo era hasta que enfermo y solo reposaba en cama e iba al baño 4 veces al día.
Kala no visitaba a la abuela porque ella siempre entristecía al verla. La trataba bien pero sus ojos siempre se mojaban cuando ella ya se despedía. Kala odiaba llorar y ver llorar a alguien.
Era hora de trabajar. Kala miro por su ventana. Eran cerca de las 8pm. Augusto la hecharía si llegaba tarde denuevo.
Metió en una bolsa negra su casaca. Estaba algo vieja pero abrigaba muy bien aún. Salió y dejo la llave en el macetero pequeño de la ventana. Un poco de tierra y listo.
Papá odiaba cuando lo olvidaba. La resaca lo hacia merecedor de un humor desastroso. Ya la había abofeteado en 3 ocasiones. Siempre dormía con la cara roja e hinchada, tanto que le molestaba conciliar el sueño.
-¡Hola Kala! - Ella giro con entusiasmo, Jim siempre venía de la fabrica a esas horas, siempre con pan y cafe barato.
-¿Estabas esperando? - Pregunto al verle, sonrío y abrio los ojos al ver el pan con jamón. Tenía hambre.
-Me agradas, lo sabes. -Dijo con tono de orgullo dolido. - Pero ya tengo a quien cuidar.
Hacia él venía corriendo una niña de 4 años. Crisel era pequeña y delgada. Pero su llamativo eran sus ojos verdes. Nadie de ese lugar podría creerlo. Una niña con ese color de ojos y la piel de porcelana hija de un trabajador de 10 horas, explotado y apenas con los recursos para mantenerse a él y su madre. Fue una bomba.
La niña fue dejada cuando era una bebe, Jim nunca hablaba de la madre. Nadie sabía de ella.
Nadie conocía a nadie con ojos verdes o con caracteristicas como la niña.
Crisel fue abandonada. Eso creía Kala. Pero también creía que a diferencia de ella, Crisel tenía el amor de su padre.
Kala froto la cabeza de Crisel y se marchó con un pan que le ofreció Jim. Corrió luego de un minuto.
Augusto la hecharía.
Cuando llegó a media cuadra del clandestino bar vió como alguien era hechado a la calle. Corrió más deprisa y vio que era una mujer alta.
Su cabello ocultaba su cara. Usaba una falda, pantis y tacones de color negro, chaqueta gris y una blusa marrón que parecía estar rota por la cintura.
Kala trato de acercarse a ayudar, pero Augusto la jaló y de tal tirón la hizo caer de trasero en la pista.
-Ni te atrevas.
Kala empezó a levantarse del frío suelo cuando la mujer giró y vió su verdadero rostro.
No era una mujer.
Era un chico vestido de mujer.
Sus facciones eran finas, pero no lo suficiente. Ademas su manzana de Adán era evidente.
Una sonrisa torcida apareció y Kala imaginó que Augusto y el muchacho eran amantes.
Medio bar lo murmuraba.
-Dejame niña. No quiero que te golpee. -Y empezó a levantarse lentamente.
Al menos sabía que Augusto golpeaba a cualquiera del bar.
-Métete.
Kala miró nuevamente al hombre, aunque el maquillaje era bueno no pudo evitar ver la cicatriz de su nariz.
Kala entró, las otras meseras charlaban en un rincón. Vió a Jaime detrás de la barra, y aunque era un señor, era lo suficientemente amable para que le cayera bien a Kala.
-¿Qué sucede?
-Augusto lo trajo hace 2 horas, su oficina estuvo cerrada en ese periodo.
Kala espero con paciencia pero Jaime no dijo más.
-¿Y?
-Lo hecho cual rata. Eso ya lo sabes.
Kala no sabía que pensar. No había mucho sentido en ello.
El turno empezó. Kala no hablaba mucho con las otras meseras. Ni tampoco con las prostitutas que llegaban después de las 10pm. A excepción de Yuri, ella hablaba aunque a veces no hablaba porque decía que pelearía con cualquiera que le causara fatiga.
Kala termino su turno. Eran cerca de las 5am.


Jare S.



A UN DÍA QUE TAL VEZ RECUERDES


Siempre soñé con un momento como ese.
Viví los segundos como si fuesen solo míos, te mire y medite que aquello no se trataba de mí, el pulso se me aceleró y agradecí tal oportunidad.
La luz se apagó y sin temor tus labios se apegaron a los míos.
Nunca creí que me desesperaría tanto.
¿Por qué creí que en cinco segundos te arrebatarian de mí?
No pude evitarlo, y mis manos ya no eran mías, y lo sabias, y sonreíste, lo sabía, tu sonreíste por mí.
Y simplemente aceptaste el castigo, me mordiste el labio. Tu boca exhalo y sentí nublada la cabeza.
Sentí tu cuerpo, como nadie lo había hecho, como aquella desesperación que jamás fuiste capaz de expresarla a ellos.

¿Por qué entonces sentí celos?
Tal vez por que me negué a algo como eso,
por que quería quererte y que no seas solo un amanecer más.
Quería marcarte y que tú lo hicieras conmigo.
Quería tus besos como camino, y dejar mi olor entre tú boca y nariz.
Bebí de tu cuerpo y sentí miedo, ellos ya lo habían hecho, ¿debería sentirme intimidada?
Los ojos se me nublaron y los apreté, acaricie tu piel, y tus delgadas piernas temblaron.
Medite aquel sonido. Oh, Dios mío, como lo disfrute, y tus quejidos ya no fueron míos.
Eran de aquel día y supe que lloraría luego por ti.
Me detuve y tus piernas se liberaron, subí y te besé, con ganas de más y un comentario que decía ''Soy de aquel segundo, y tu alma... Aquella es del sueño infinito que jamás lograré conocer''
Con un breve beso te imagine entre mis brazos, y tomé tus manos por que quería el control.
Quería verte...
Quería que aquello fuera mío. Pero la noche solo hizo que todo lo imaginara.
Y con un largo beso aún te recuerdo, y con un posdata te digo: te extraño.


Jare S.

Perdón


Perdón.
Y ahora te veo a través de esa caja, con las mejillas maquilladas y haciendome notar que eras mas bella de lo que recordaba.
No he botado ni una lagrima por ti. Es triste, lo sé.
Han sido días largos y en los que sólo pedía despertar.
Mamá hace tres días te he perdido. Y ni una sola lágrima a salido.
Mamá nunca he sentido algo que me regrese a la vida. Tal vez te debieron decir que tu hija respiraria pero que viva nunca estaría.
Mamá quiero llorar por ti. Quiero sentir mi corazón y que la muerte sea mi consolador y la escalera que me acerque a ti.
Mamá, no puedo matarme por que no valdría la pena. Por que no te quiero.
Recuerdo ante tu rostro esas sonrisas que me dedicabas. Mamá los sueños nunca fueron parte de mi vida a pesar de que tu los creíste posibles.
Mamá quisiera ser un animal, quisiera sentir emociones, no me importa pensar, mamá, no quiero pensar por que tal cosa ya me la arrancaron.
No entendía mamá, no entendía por que cuando dijiste que agradecidas aquel empleo que te permitió darme que comer no pensabas aun así en mi.
No entendía como aquellos hombres te forzaban a separarte de mi y tu lo agradecias. Cuando te escuche decir aquello ya no fui la misma. Vi en tus ojos aquella alegría nublada, pero no por lágrimas, si no por confusión, tu lo habías notado.
Tus horas conmigo eran...
No mamá. Nada fue igual. Ellos te arrebataron de mi y me hicieron su esclava. Ellos me hicieron sentir dichosa por comer, ellos me hicieron sentir su hija a pesar de que no me conocían. Y me convirtieron en tu enemiga.
Nunca pensé que me arrebatarian las emociones nunca pensé que me despojarian de ti. Que fueron ellos que los que me hicieron esto.
No puedo odiarlos mamá.
Ellos te dieron el dinero a través de tu trabajo por el cual yo comí.
Y es aquel discurso de hacer valer la vida solo se limitó en comida.
Un suicida me parecía estúpido. ¿Por qué no ser esclavos del sistema?
Mamá, yo ya los amaba. Y a ti te odiaba cada vez más.
Ellos me dieron la comida mamá.
Tú no.
Cinco años después sentí algo cuando me dijiste que tenías asma.
Yo era una mala actriz, mamá.
No dije nada y te mire, y confundiste aquello como sorpresa y temor.
Pero no mamá, aquello no me produzco nada.
Yo ya no era tu hija, era solo una chica que esperaba te dejaras de quejar.
¿Por qué sentir tu dolor?
Mamá, tus ojos ya no me despertarán por las mañanas.
Tus manos no me abrigaran con aquella manta.
Mamá te odio por creer que ellos eran algo bueno y luego...
Mi hijo me mira mamá. No deja de llorar. Te extrañará. Tengo envidia. Quisiera sentir aquel dolor.
El niño apenas tiene cinco años y ya siente que no puede soportar tu partida.
Espero algún día no me odie tanto como yo a ti.
La cajón es barato mamá, el más barato de la ciudad.
No mereces más, hiciste que tu propia hija te odie sin razón.
Tus ojos marrones claros eran algo bonito de ver cuando era niña. Tus ojos no eran como los míos, oscuros y sin ningún brillo. Los tuyos tenían sentido, uno absurdo como mi vida.
Me siento débil mamá, no he comido en días y solo puedo sostenerme por que duermo mucho.
He decidido no ir al entierro. Todos creen que mi dolor me ha dejado en blanco, pero es mentira.
¿Por qué permitíste que me arrebataran de ti?
¿Por qué con tu segunda enfermedad todo me dio lo mismo?
¿Por qué las idas y venidas al hospital eran solo una pérdida de tiempo?
Con los estudios terminados fuiste la primera en abrazarme y llorar, yo solo sonreí como mecanismo de defensa. Esquive tus manos y dije que tenía que marcharme, que me vería con alguien, pero solo recorrí las siguientes cuadras para pensar en si te dejaba morir ahora por mi.
Fui a la costa y entre tanto cielo y mar pensé en ti, pensé en ti mamá y me sentí mal.
Sentí que debía de odiarte más y repudiarte pero no sólo eso, quería que lo supieras y pensaras en ello, que murieras más rápido y todo termine.
Por un momento no quise que tuvieras oportunidad de conocer a mi hijo, quería que eso te doliera y que la locura de una hija lejos y un nieto enfermo te destruyera poco a poco, pero mi marido no lo permitió.
Sufriste por nuestra separación y yo odie otra vez tu preocupación, te odie y te decía en mi mente que tu enfermedad ahora te matara y no yo.
No quería la carga mental, mamá, y ahora te tengo aquí ante mi, y no hay lágrimas de emoción...
Solo un fantasma de aquella niña que se alegraba del pan de cada día.
Mi hijo te extraña, es seguro que trataré de arrancarte de él, morirás pronto mamá, por que tu recuerdo es algo que pienso olvidar.
-Mamá. - Dice mi hijo al lado, tiene los ojos llenos de lágrimas y la carita roja por todo.
Perdón, mamá. 

Dani

2010
Cuando Gabriel cumplió ocho años su madre le dijo que jugarían a las escondidas, habian comido pastel y gelatina verde - la favorita de Gabriel- así es como ambos salieron de casa y exactamente a las 6pm fueron al parque.
El sol se ocultaba, las calles se teñian de naranja y azul por un cielo anhelando la noche; como fueron a esas horas la gente ya se marchaba. Pero Gabriel no se rendía a pesar de las oscuras sombras de los enormes árboles. A pesar de que ya no había niños, su madre y él empezaron a jugar. El niño contaba hasta 20 y su madre se escondía. La penúltima vez que jugaron se le fue muy difícil encontrarla. Se agotó tanto que empezó a sudar. Su madre ya no estaba detras de la resbaladilla o cerca a los árboles, ni siquiera detrás de los arbustos. Pensó qué quizá quería ganar por fín. Hasta que la encontró. Si, cerca a la última fuente. Aquella fuente en la que apenas se depositaban una hojas viejas que ya nadie recordaba verdes.
Gabriel la miró con curiosidad. Su madre ya no tenía esa tranquila sonrisam que formó 40 minutos antes. El niño la llamo. Ella apenas se giró. La vio con sus ojos apagados, por un momento hasta le asustó que no dijera nada, le fue difícil preguntar de nuevo. Ella lo tomó del hombro y lo abrazó. Gabriel suspiro pensando que todo era su imaginación.
Gabriel se separo y su madre le dijo que jugarían una vez más.
Apoyandose en el árbol más cercano el niño empezo a contar. Cuando llego al número 14 sintió como un golpe de viento lo hacia estremecer desde el cuello hasta los tobillos. Quiso girar pero pensó que para ser el último juego, valdría la pena la espera. Y asi llegado al 20 volteó.
Una niña de vestido negro y con agujeros negros en lugar de ojos estaba frente a él. Su cara pálida y huesuda hacia que su presencia se fuera disipando con el correr de los minutos. Gabriel no pudo moverse hasta que desapareció tal niña. Si, solo desapareció con el sonido de las hojas al raspar el cemento.  Por un momento creyó estar soñando. Pero no. Era el mismo parque. Buscó con la mirada a su madre. Corrió y corrió por todos los lugares donde se escondió anteriormente. Pero no. Llegó hasta la última fuente pero ya nadie estaba. Empezó a gritar llamandola. Pero ella no apareció. Las lagrimas fueron apareciendo. Recordó a la niña y el miedo fue aumentando. Volvió a gritar. Y nada. Las sombras empezaron a formarse. Y pensó que tal vez si había visto esfumarse a una niña sin ojos, era posible que sombras nocturnas lo atacaran. No... Las sombras nocturnas eran un juego de mamá y él... Oh. También lo habian sido de Dani. Su pequeña hermanita de 3 años que hace más de un año que se había marchado. Gabriel nunca supo donde. Le hizo muchas preguntas a mami... Pero ella lloraba mucho cuando el preguntaba. Así que dejo de hacerlo. Pudo haberle preguntado a su padre... Pero su padre aún bebía y siempre que lo veía lo golpeaba. Claro. A menos que su madre se interpusiera. Por eso mami y el jugaban a las sombras nocturnas. Su mami siempre decía lo mismo. Las sombras nocturnas pueden tomar el control de las personas. Así que era mejor ocultarse. Por eso Gabriel dormía en aquel cuartucho del jardín. Si iba a su habitación era solo por unas cosas. Ya no dormía ahi por temor a las sombras. Y mami le advirtió que si lo desobedecia podria ser castigado. A veces Gabriel creía que ya no era un juego. Mami no tenía que castigarlo por un juego.
Corrió y corrió. Las campanas de la iglesia más cercana sonaron. Por alguna razón empezó a tener más miedo. Corrió y sin fijarse llego frente a casa. Vio las luces apagadas. Camino lentamente. Se detuvo y pensó que tal vez su madre no podria a verlo dejado solo. Que tal vez le pasó algo. De todos modos quiso entrar. Tal vez llamar a su padre.
Gabriel entró... Lentamente la puerta rechino... Las luces de la sala estaban apagadas. Las prendió. Aún sin ver a su madre ahí la llamo. Nadie respondió. Ni siquiera los pequeños pasos que ella hacia con sus zapatos al andar. Fue a la cocina. Pensó en un vaso de agua por el cansancio. Entonces no fue necesario prender las luces. vio a su madre en la cocina. Estaba sobre la mesa. Con el vientre abierto. Gabriel mantuvo los ojos fijos en su madre. Por alguna razón las luces apagadas no hacian que imaginara tal escena. La sangre estaba saliendo aún... Pequeñas gotas caían del mantel al piso. Gabriel se sentó en la pequeña silla que ocupaba siempre... Cerca al rostro de su madre empezó a acariciar su rostro. Sus ojos en blanco solo fueron cerrados por sus dedos momentos después. Se recostó sobre el pequeño espacio que quedaba y cerró los ojos.
Cuando los volvió a abrir miró a su alrededor. Su vieja cama... ¡En el cuartucho de siempre! Miró de nuevo y todo era real.
Salió y corrió sobre el césped húmedo de la mañana. La puerta trasera estaba abierta como siempre. Corrió y corrió hasta parar junto al marco... Inclinó la cabeza y lentamente vio como su madre preparaba el desayuno. Gabriel sonrió y fue a abrazarla. Su madre lo miró con dulzura. Gabriel quiso llorar pero en lugar de eso la apretó aún mas con su abrazo. Se separo y dijo "Te extrañe mucho, mami". Sus ojos empezaron a humedecerse pero su madre se inclinó y le dió un beso en la mejilla.
Gabriel se sentó. Y frente a él su madre le colocaba un plato con 2 huevos revueltos. Antes de comer. Gabriel recordó a su padre. Corrió a la sala donde siempre lo iba a saludar por las mañanas. Gabriel no sabía porque pero la cabeza de su padre seguía chorreando sangre a pesar de que habían pasado varias semanas desde que su madre se la cortó. La cabeza colgaba sobre el sofa donde siempre él acostumbraba a ver sus partidos. Mamá dejaba sobre el sofa un plástico que terminaba inundandose por la sangre al final del día. Gabriel sonrió. Su padre abrió los ojos y lo vió. Su boca trato de abrirse pero nunca pasaba nada más. Gabriel levanto la mano como saludo. Y luego volvió donde su madre.
"Mami, ¿cuándo regresara Dani?"
Gabriel empezó a comer y su madre se sentó a comer también.
"Algún día... Tal vez cuándo papi deje de sangrar..." pero eso último ya fue un susurro.
"¿Aún te duele tu herida, mami?
Su madre alzó levemente su camiseta celeste que era su favorita a pesar de estar ya vieja.
Bajo la camiseta apareció un vendaje grueso.
"Yo creo que demorará en sanar... Pero no te preocupes. Ya nadie puede hacerle daño a mami." Con una sonrisa en los labios su madre empezó a tomar su café.




ALAS ROJAS - Capitulo 2 (Segunda parte)

Ten no pudo evitar repetirse una y otra vez aquella frase que la fastidiaba tanto de si misma.
"Te lo dije"
Su cabeza estaba llena de pensamientos negativos y el simple hecho de que el chico que vio por mas de dos años le estuviese diciendo de forma más directa que indirecta que le temía... y por obvias razones... En especial desde que paso lo del pequeño percance de llegada...
Ten no quiso pensar en eso. Su llegada fue un desastre. Estaba sola y rodeada de un bosque del Sur de la ciudad... Estuvo sola tanto tiempo que olvido su nombre... aunque de cierto modo jamas se puso a pensar en eso desde que se despertó... Solo sabia que era diferente, que su misión no era vivir por vivir, que no tendría la vida como las criaturas que miraba a escondidas. No fue hasta su sexto mes desde que piso tierra que se encontró con Sebastian, él aun no sabia de su existencia y ella sin animo de seguir las ordenes de sus hermanas, fue en contra impulso y callo en el juego de conocerlo. 
Fue terrible, primero intento toparse con el por simple casualidad como muchos lo llamaban a aquello sin ser previsto y casi por suerte, ella no creía en la suerte, tampoco en el destino, ella solo creía que sentía algo fuera de lo común por el.
Pero nada paso. Él no volteo a verla nunca, era predecible, Sebastian apenas tenia 14 y la cuestión de chicas y chicos aun la veía lejana por los buenos resultados en los últimos dos años, Sebastian se empeño tanto en sus estudios que planeaba viajar al extranjero para estudiar en una excelente universidad de Europa. 
El sueño de ambos se rompió en un solo día. Ella presencio lo terrible que resultaba para los otros, que ser ella no era normal, que nadie como aquel chico la llegaría a observar con ojos de amor o piedad en algún momento. Sebastian por otro lado, no sufrió por la baja de calificaciones, eso se fue en cuestión de meses, lo traumatisante vino cuando la vio por segunda vez, y la tercera... Y la cuarta donde exploto todo, con quince años ya iba donde un psicólogo... Les había dicho a sus padres que no estaba loco, que tal mujer existía, que la había visto 4 veces y en todas aquellas ocasiones ella no había hablado, la primera vez apenas y la oyó tiritar y llorar tras unos leves sorbos en su garganta seca. La misma semana de destrucción se sintieron el infierno propio, el caos en sus vidas y la peor miseria de todas.
Ellos se culparon así mismos, Sebastian no pudo evitar encerrarse en su habitación y casi no salir de casa, Ten solo quiso morir con su decisión. Era momento de alejarse, y lo hizo... por unos días. Pero Ten sintió orgullo al poder controlar su especie de responsabilidad con él. No quería que le ocurriera nada, y básicamente la culpa de todo la tenía ella, ahora Sebastian solo era un blanco fácil. Él chico no era especial en su mundo, pero ahora todo era distinto, y la razón por la que Ten estaba ahí era por eso. 
Sus alas se abrieron, su espalda tomo una posición que hizo que fácilmente se sintiera incomoda. Con las alas ocultando la luz de la ventana todo se hizo oscuro y sombrío. 
Entonces una voz rompió el silencio.
-¿Quieres que lo golpee? ¿O que es exactamente lo que esperas? - Ten volteo tan rápido que se sorprendió como sus alas se deshicieron de pronto.
Ambos vieron como la mujer al lado de la ventana sonreía. Tenia el cabello rubio y corto. Apenas llegaba a sus hombros y sus sonrisas era tan ancha como sus ojos color celestes. 
-¿Q-que? ¿que haces aquí? - Ten no podía hablar. Era su misión estar ahí, era algo que solo ella podía hacer, y ahora... Ahora una de sus hermanas estaba en ese lugar y con sus sonrisas de siempre, pensando en jugar con él. Con el chico que amaba.
-Ten... - Dijo la joven mujer. Sus ojos se agrandaron con confusión y sarcasmo. - Es hora. 
La respiración de Sebastian se acelero, pensó en correr. Pero su cuerpo se planto mientras sus dedos temblaban. 
-Koowen... 
-Las demás llegaran en un momento. ¿Quieres que lo hagan?
-No. - Su respuesta salio tan rápido que sus labios temblaron con la salida de aquella palabra.
Ten no tuvo tiempo de pensar en el futuro. Giro nuevamente y encontró a un chico hundido en un profundo hoyo imaginario. 
-Tienes que venir conmigo. 
Pero Sebastian parecía no oír.
-Hombrecillo. - Le dijo su hermana. - ¿No la oyes? 
Koowen empezó a caminar lentamente hacia la pared contraria. Sebastian no retrocedió sino hasta que la tuvo a tres pasos de él. 
-¿Cuál es su nombre? - Koween vestía unos jeans ajustados y rotos en las rodillas, su cabello alborotado y sucio hizo que su camiseta blanca se viera andrajosa y vieja. Ten no quiso que se le acercara. Temía que dijera algo que solo haya estado guardando en secreto.
-Koowen... - Susurro Ten. 
-Espera. - Dijo Koowen. Miro con ojos fijos a Sebastian, le tomo solo un segundo tocar su boca con la suya. 
Ten sintió que se desmoronaba. 
Y mientras su boca era tocada por los labios más helados que había tocado en toda su vida, una ráfaga de ilusión le dijo que aquello era real. Una rubia de cara delgada y ojos claros como el cielo mismo de un día de verano, lo estaba besando. Eso era irreal para un chico como él, considerado un nerd y desde hace más de 2 años, considerado un loco, pero el estaba sintiendo sus labios. 
Ten esquivo tal escena. Miró el suelo, y luego de intentar tranquilizarse volvio la mirada hacia ellos. 
-Vete, Koowen. 
Su garganta se seco al hablar, miro como el chico a quién protegió durante tanto tiempo tenía los ojos perdidos en ningún objeto en sí. Mientras que sus labios tenían una delgada y fina linea de sangre que resbalaba por su mentón.
-Tranquila, Ten. Sabes que no me aprovecharía de un niño como él. - Y su sonrisa mostró la satisfacción de ver la poca sensibilidad que le quedaba a Ten. 
Koowen deslizó su dedo indice por su labio inferior. Su labio también estaba manchado, pero de una manera casi opaca y apenas tocada.
-Vete. 
Su sonrisa desapareció. Su mirada fija fue dura y asesina. A continuación su manos se abrieron y las sombras de dos alas grises aparecieron por su espalda. Pero poco a poco y a diferencia de Ten estas se hicieron casi invisibles. 
La ventana se abrió antes de que Koowen la tocara. Su cuerpo desapareció cuando sus pies dejaron el marco de la ventana.
Sebastían no podía creer lo que veía. Ni lo que había sentido.
¿Quienes eran? ¿Porque una de ellas lo había besado? ¿Que era exactamente lo que querían de él?
Sus pensamientos se rompieron en pedazos cuando vio como la primera mujer caía en el suelo.
Ten no resistió lo necesario. Llevaba 4 días sin dormir. Y aunque aquello sonaba tonto para lo que ella era, eso no significaba que el dolor dado por su madre no existiera. Ella sentía como un humano cualquiera, su naturaleza por otro lado no se asemejaba en nada a lo que los humanos llamaríamos normal. Ella llevaba consigo ciertas normas, cosas que debía hacer y solo dejaron de existir cuando la vida de Sebastían se atravesó con ella.
-T-tú... - Su cara se mostró cerca a la suya, era agradable verlo de cerca, y aunque solo era la segunda vez ella sonrió cuando su boca expulsaba aquellas palabras que le mostraron que ella no era considerada ya un forma de inexistencia. - ¿que te ocurre? - Sus manos empezaron a deslizarse en el suelo, era hora de irse. Irse con él. 

ALAS ROJAS - Capitulo 2 (Primera parte)

Era imposible que ella estuviera frente a el. Casi frente a el...
Pero Sebastian había dejado su cordura... Todos lo creían un loco. Todos creyeron en las palabras de su hermano mayor, primero sus amigos y luego todo el vecindario. Fue horrible tener que evitar las miradas. Fue tan tenso que una vez escapo del agarre de su madre, solo tenla 14, y fue cuando escogía unos zapatos deportivos, pero eso no evito que corriera frente a las decenas de personas que sin tratar de disimular los murmuros y las miradas de recelo hacia él durante más de treinta minutos, lo hicieran dejar desesperada mente el lugar. Lloro frente aquel puente de apenas 10 metros de alto. La pequeña laguna siempre le servia de espejo para ver deslizar sus propias lagrimas. Cada una de esas lo hicieron recordar y padecer que para el mundo el solo era un chico con fallas mentales. Sebastian no estaba bien. No se sintió bien desde que la vio por primera vez.
Cumplió los 14 y uno de sus primeros regalos fue ver a una joven mujer con los brazos sobre sus rodillas... llorando y con aquel vestido blanco que le llegaba a los tobillos y la hacían ver como salida de un matrimonio sencillo.
Su boca se abrió, el aire apenas entro y la mujer frente a èl solo se quedo inmóvil, sin intención aparente de decir algo. Sebastian solo quería huir. Vio la puerta, media abierta y sin señales de luz desde afuera.
-Ten... - La escucho decir... ¿Como una presentación?
¿Esa cosa se estaba presentando?
Por un momento se sintió avergonzado por llamarla "cosa". Pero de decirle persona tendría miedo de darla por real... Y eso seria aceptar su locura. Eso... Ella... NO EXISTÍA.
Se lo repitió tantas veces que aun con los ojos fuera de ella pudo sentir como su cabeza le decía que solo repetía una frase sin sentido. Esa mujer... Esa cosa le había hablado.
-Mi nombre es Ten. - Sebastian la miro por primera vez a los ojos, no estaba tan cerca después de todo...
Sebastian se hizo una promesa. Jamas olvidaría aquellos ojos. Esos ojos no se borrarían de su memoria jamas. Eran verdes. Solo verdes, pero le demostraban que hasta tal color podía demostrar tristeza y mil un cosas incapaces de comprender a simple vista. Sebastian trago saliva.
Ten no evito ver su garganta. Era imposible no poder ver cada movimiento que aquel chico hiciera. Se le hacia imposible. Era como si sus ojos ya estuvieran acostumbrados a seguir cada insignificante cosa que él hiciera. Sebastìan la hacia sentir increíble. Y aquel pensamiento siempre le hizo sentir tonta, nunca había hablado con él, no hasta que...
Ver como sus ojos cojian un brillo de un momento a otro lo hizo paralizarse de nuevo.
Sebastian arrugo las sabanas bajo él, Medito por unos segundos y decidió hacer lo único que parecía lógico para èl.
Coloco cada pie en el suelo, ella siguió otra vez sus movimientos, eso lo molesto demasiado, se sintió preso... vulnerable.
Camino descalzo sobre la alfombra, no sintió frió en ningún momento desde que bajo, lo extraño se volvió hacia él cuando paso detrás de ella, sintió aquel frió que lastimaba. Ella no había volteado, solo mantuvo la mirada aun sobre la cama de donde ya había salido, parecía haberse rendido cuando el se dispuso a caminar de un extremo a otro.
Sebastian disfruto el pequeño dolor de aquel frió, aun parado y mirando hacia la pared vacía y opuesta a la puerta.
Ten movió sus dedos, entonces el hiriente frió empezó a desaparecer.
Sebastìan pensaba en su cordura, no quería escapar de ella, giro levemente la cabeza y vio como su vestido blanco, aquel mismo vestido con el que la vio hace dos años, aquel mismo que lo hizo pensar que era solo parte de un sueño, estaba roto, si, aquel hermoso y pero maltratado vestido que aun llevaba tenia dos desgarros que lo partían por unos diez centímetros como mínimo, aun las tiras se sostenían sobre sus hombros, entonces sus malos recuerdos se apoderaron de el, pensó en el por que su imaginación había ideado tales ideas.
Escribiría un libro sobre aquello, se harìa rico, pagaría las medicinas que tendría que tomar para dejar que la locura lo dejara por aunque sea un par de horas.
Su mente vago solo por uno o dos segundos... No creyó que en tan poco tiempo pudiera imaginar tanto, pero lo sorprendió la rapidez de su cerebro...
Su piel maltratada y expuesta en el vestido, en su espalda, se abrió, dos grandes heridas se mostraron, la sangre, y un leve quejido hicieron que Sebastian se diera cuenta que el no pudo haber creado tal escena.
No lo creía capaz de crear tal horror.
La opacidad de unas alas apenas visibles aparecieron tan deprisa que su corazón por un momento pareció haberse detenido. Sus ojos se ampliaron mientras que la sangre roja manchaba su vestido, leves gotas bailaron a la melodía de su quejido, pero no tardaron desaparecer, como adheriendose a la piel, pero desapareciendo por completo... Era fascinante ver tal escena, no era creíble, no era posible, su vestido aun seguía maltratado pero ahora fue casi cubierto por las grandes alas grises.
Ten voltio levemente, y cuando dio sus primeros pasos frente a él, a solo centímetros de su rostro, y con esa expresión de ternura y amor, presiono y cosquillo sus propios dedos, tenerlo tan cerca... la sensación era increíble, hubiese querido solo vivir aquel momento, no tener que pensar en lo que venia exactamente a decirle.
Su aliento se sentía frió, tanto como el pasar detrás de ella y quedarse esperando ser congelado. Ella era apenas un par de centímetros mas baja que èl, y aunque no sentía que le esperara algo malo en los próximos segundos, algo despertó su inquietud, ella era bella, ella era hermosa de una manera diferente, no era una chica cualquiera, tener alas que sangraran y luego las manchas desaparecieran era una locura, pero no temía por su vida ahora, ya no le importaba lo que quería o no, ¿estaba loco? Si era una locura ya no le importaba, su vida ya era un desastre después de todo.
El par de alas detrás suyo llamaron mucho la atención del chico que creía amar tanto que no podía pensar en su propio bienestar. Pero tampoco le importo, tenerlo cerca recompensaba todo después de los años que vivió oculta.
Casi como si fuese solo un acto reflejo, sus alas lo protegieron, estas rodearon a ambos, cubriéndolos como si de una capa de protección y sin distracción los apartara de todo, Sebastian miro aquellas enormes alas, un metro era lo mínimo que suponía los sobrepasaba. El frío se esfumo nuevamente, tan rápido y casi sin entenderlo le gusto tal sensación. Una de sus manos se levanto levemente, no pensó que lo harìa, pero la toco, la toco pero no fue lo que Ten hubiese querido que pasara, pero lo supuso. Sebastian no pudo evitar retirar su mano de la de ella, un alivio lo desbordo cuando sintió su piel. Era real. Ella era real
-S-Sebastian... - Siseo el muchacho que no podía evitar tener miedo otra vez. No intento volverla a tocar. Era suficiente. Fue suficiente ver como había provocado que ella bajara los ojos y sus dedos se apretaran con fuerza. Temía que ella fuera a hacerle algo. Provocar que aquella criatura hiciera algo que lo hiriera.
-Tienes que venir conmigo. - Fueron las palabras de Ten. Ella no pudo creer su valentía. Ella sintió que su piel era arrasada por un leve escalofrió. Su respiración se paró cuando levanto la barbilla y Sebastian retrocedió un paso. Era como lo había imaginado, él tenia miedo, le tenia miedo.

ALAS ROJAS - Capitulo 1

CAPÍTULO 1:

-Por todos los cielos... ¿Te has visto la cara? - Le preguntó su hermano. Sebastían apenas acababa de llegar de la escuela. 
Ya estaba harto de ver a aquella cosa. Ir al psicólogo no ayudo mucho.
Hablar con su hermano solo lo dio por loco... al principio. Luego sus padres sospecharon que consumía drogas, desde entonces lo traían y dejaban en la escuela tan seguido que ya hasta sentía vergüenza por como medio salón de clases lo veía.
¿Tenía 8 años?
Sus padres no lo entendían. Su hermano ya no quería entenderlo. Y era lógico. Su historia era de lo más anormal posible. 
¿Era un alma? ¿Un ángel? 
Pero si así lo fuera... ¿que tenía que ver él con esa cosa?
Se sentía frustrado. Cansado. Y por todo lo demás de su preocupación por la universidad, él empezaba a darse por vencido.
-Estoy enfermo. - Respondió Sebastían al castaño de un metro 80 frente a él.
-Eso ya lo sé. - Dijo con notoriedad y burla a quién llevaba más que una vida soportando. - Mamá dijo que comieras... ¿No has olvidado como usar el horno microondas, ¿verdad? - Alex tenía el cráneo algo vacío. Pero Sebastían creía que eso se le había pegado. 
-Lárgate. - 
-Mira que animo... - Dijo Alex, esquivándolo y mirando hacia la puerta frente suyo. - Necesitas ir al loquero, hermano. 
Sebastian apenas y podía imaginar su cama, tenía mucha tarea y no le apetecía comer nada. Solo tenía sed.
Casi siempre tenía sed. Él hambre se iba casi siempre. El último chequeo con el médico no fue muy bueno, una gastritis lo dañaría muy pronto si no comía como debía. 
Miró hacia las escaleras. 
Su mochila callo sobre el primer escalón. Camino despacio. Cada paso era tan tortuoso, que con dificultad y llegaba a respirar por completo.
Su habitación se encontraba en el fondo del 2do piso, era la habitación más pequeña, y la que estaba al otro extremo del baño. Miró a ambos lados, su corazón pareció haber sido golpeado por un puño invisible. Un gruñido se escapo de su boca. 
Una de sus manos toco su pecho, el dolor aumento. 
Sus rodillas se estrellaron con la alfombra que cubría el pasadizo de la segunda planta. Estaba completamente solo. Así que su vista no podía ser manchada por nada más que el fondo con las dos puertas que pertenecían a las habitaciones de sus padres, y la de él. 
Una corazonada de lo que iba a ocurrir lo hizo sonreír, Sebastian no sonreía hace mucho, pero verla frente a él le hizo pensar que no eran alucinaciones, ella lo buscaba, él no pudo haber formado tal imagen, tal ser. 
El ángel había regresado. La mujer de ojos de un verde tan claro, lo veía con una leve sonrisa. Sí, ella tenía mucho que ver con su comportamiento en los últimos meses, pero no dejaba de decírselo. 
¿Por que él? 

ALAS ROJAS - Sinopsis

SINOPSIS

Ten vivía entre las sombras. Ten prácticamente era una sombra. Ten jamás creyó que se enamoraría. ¿Eso le podía pasar a ella?
Cada vez que se lo preguntaba no hallaba respuesta.
Trato de preguntar... ¿Pero que sabrían los demás?
Ella no era normal.
Bueno, no era normal para él...
Sebastían solo tenía 16 años cuando la vio por primera vez. Él prácticamente huyo de ella.
Y así es como un par de criaturas jamás olvidaron a la otra.
Así es como Ten, la criatura de alas sangrientas se mostró frente al muy común Sebastian.
Así es como su historia solo se desarrolla en un tiempo muy corto para Sebastian, y un muy largo y agonizante periodo de enamoramiento en el que Ten solo puede observar y pedir que nada le suceda al adolescente a quién salva en repetidas ocasiones.
Ten mira su pasado, Ten pide su tranquilidad pasada. Ten mira su soledad. No recuerda cuantos años tiene. No sabe si lo que hace es necesario o no. Solo sabe que cada ves que sus alas sangran es por que acaban de darle una oportunidad más a Sebastian.
Ten sufre. Ten mira su dolor, pero no le importa. Ten respira y su alrededor se vuelve gris. Ten pide la muerte. Ten pide que su mundo sea solo Sebastian.













Caída

Llevaba mucho tiempo ignorando los colores del amanecer. Observaba con temor los días. Quizá los sueños habían terminado conmigo. ¿No lo h...