2010
Cuando Gabriel cumplió ocho años su madre le dijo que jugarían a las escondidas, habian comido pastel y gelatina verde - la favorita de Gabriel- así es como ambos salieron de casa y exactamente a las 6pm fueron al parque.
El sol se ocultaba, las calles se teñian de naranja y azul por un cielo anhelando la noche; como fueron a esas horas la gente ya se marchaba. Pero Gabriel no se rendía a pesar de las oscuras sombras de los enormes árboles. A pesar de que ya no había niños, su madre y él empezaron a jugar. El niño contaba hasta 20 y su madre se escondía. La penúltima vez que jugaron se le fue muy difícil encontrarla. Se agotó tanto que empezó a sudar. Su madre ya no estaba detras de la resbaladilla o cerca a los árboles, ni siquiera detrás de los arbustos. Pensó qué quizá quería ganar por fín. Hasta que la encontró. Si, cerca a la última fuente. Aquella fuente en la que apenas se depositaban una hojas viejas que ya nadie recordaba verdes.
Gabriel la miró con curiosidad. Su madre ya no tenía esa tranquila sonrisam que formó 40 minutos antes. El niño la llamo. Ella apenas se giró. La vio con sus ojos apagados, por un momento hasta le asustó que no dijera nada, le fue difícil preguntar de nuevo. Ella lo tomó del hombro y lo abrazó. Gabriel suspiro pensando que todo era su imaginación.
Gabriel se separo y su madre le dijo que jugarían una vez más.
Apoyandose en el árbol más cercano el niño empezo a contar. Cuando llego al número 14 sintió como un golpe de viento lo hacia estremecer desde el cuello hasta los tobillos. Quiso girar pero pensó que para ser el último juego, valdría la pena la espera. Y asi llegado al 20 volteó.
Una niña de vestido negro y con agujeros negros en lugar de ojos estaba frente a él. Su cara pálida y huesuda hacia que su presencia se fuera disipando con el correr de los minutos. Gabriel no pudo moverse hasta que desapareció tal niña. Si, solo desapareció con el sonido de las hojas al raspar el cemento. Por un momento creyó estar soñando. Pero no. Era el mismo parque. Buscó con la mirada a su madre. Corrió y corrió por todos los lugares donde se escondió anteriormente. Pero no. Llegó hasta la última fuente pero ya nadie estaba. Empezó a gritar llamandola. Pero ella no apareció. Las lagrimas fueron apareciendo. Recordó a la niña y el miedo fue aumentando. Volvió a gritar. Y nada. Las sombras empezaron a formarse. Y pensó que tal vez si había visto esfumarse a una niña sin ojos, era posible que sombras nocturnas lo atacaran. No... Las sombras nocturnas eran un juego de mamá y él... Oh. También lo habian sido de Dani. Su pequeña hermanita de 3 años que hace más de un año que se había marchado. Gabriel nunca supo donde. Le hizo muchas preguntas a mami... Pero ella lloraba mucho cuando el preguntaba. Así que dejo de hacerlo. Pudo haberle preguntado a su padre... Pero su padre aún bebía y siempre que lo veía lo golpeaba. Claro. A menos que su madre se interpusiera. Por eso mami y el jugaban a las sombras nocturnas. Su mami siempre decía lo mismo. Las sombras nocturnas pueden tomar el control de las personas. Así que era mejor ocultarse. Por eso Gabriel dormía en aquel cuartucho del jardín. Si iba a su habitación era solo por unas cosas. Ya no dormía ahi por temor a las sombras. Y mami le advirtió que si lo desobedecia podria ser castigado. A veces Gabriel creía que ya no era un juego. Mami no tenía que castigarlo por un juego.
Corrió y corrió. Las campanas de la iglesia más cercana sonaron. Por alguna razón empezó a tener más miedo. Corrió y sin fijarse llego frente a casa. Vio las luces apagadas. Camino lentamente. Se detuvo y pensó que tal vez su madre no podria a verlo dejado solo. Que tal vez le pasó algo. De todos modos quiso entrar. Tal vez llamar a su padre.
Gabriel entró... Lentamente la puerta rechino... Las luces de la sala estaban apagadas. Las prendió. Aún sin ver a su madre ahí la llamo. Nadie respondió. Ni siquiera los pequeños pasos que ella hacia con sus zapatos al andar. Fue a la cocina. Pensó en un vaso de agua por el cansancio. Entonces no fue necesario prender las luces. vio a su madre en la cocina. Estaba sobre la mesa. Con el vientre abierto. Gabriel mantuvo los ojos fijos en su madre. Por alguna razón las luces apagadas no hacian que imaginara tal escena. La sangre estaba saliendo aún... Pequeñas gotas caían del mantel al piso. Gabriel se sentó en la pequeña silla que ocupaba siempre... Cerca al rostro de su madre empezó a acariciar su rostro. Sus ojos en blanco solo fueron cerrados por sus dedos momentos después. Se recostó sobre el pequeño espacio que quedaba y cerró los ojos.
Cuando los volvió a abrir miró a su alrededor. Su vieja cama... ¡En el cuartucho de siempre! Miró de nuevo y todo era real.
Salió y corrió sobre el césped húmedo de la mañana. La puerta trasera estaba abierta como siempre. Corrió y corrió hasta parar junto al marco... Inclinó la cabeza y lentamente vio como su madre preparaba el desayuno. Gabriel sonrió y fue a abrazarla. Su madre lo miró con dulzura. Gabriel quiso llorar pero en lugar de eso la apretó aún mas con su abrazo. Se separo y dijo "Te extrañe mucho, mami". Sus ojos empezaron a humedecerse pero su madre se inclinó y le dió un beso en la mejilla.
Gabriel se sentó. Y frente a él su madre le colocaba un plato con 2 huevos revueltos. Antes de comer. Gabriel recordó a su padre. Corrió a la sala donde siempre lo iba a saludar por las mañanas. Gabriel no sabía porque pero la cabeza de su padre seguía chorreando sangre a pesar de que habían pasado varias semanas desde que su madre se la cortó. La cabeza colgaba sobre el sofa donde siempre él acostumbraba a ver sus partidos. Mamá dejaba sobre el sofa un plástico que terminaba inundandose por la sangre al final del día. Gabriel sonrió. Su padre abrió los ojos y lo vió. Su boca trato de abrirse pero nunca pasaba nada más. Gabriel levanto la mano como saludo. Y luego volvió donde su madre.
"Mami, ¿cuándo regresara Dani?"
Gabriel empezó a comer y su madre se sentó a comer también.
"Algún día... Tal vez cuándo papi deje de sangrar..." pero eso último ya fue un susurro.
"¿Aún te duele tu herida, mami?
Su madre alzó levemente su camiseta celeste que era su favorita a pesar de estar ya vieja.
Bajo la camiseta apareció un vendaje grueso.
"Yo creo que demorará en sanar... Pero no te preocupes. Ya nadie puede hacerle daño a mami." Con una sonrisa en los labios su madre empezó a tomar su café.