Ten no pudo evitar repetirse una y otra vez aquella frase que la fastidiaba tanto de si misma.
"Te lo dije"
Su cabeza estaba llena de pensamientos negativos y el simple hecho de que el chico que vio por mas de dos años le estuviese diciendo de forma más directa que indirecta que le temía... y por obvias razones... En especial desde que paso lo del pequeño percance de llegada...
Ten no quiso pensar en eso. Su llegada fue un desastre. Estaba sola y rodeada de un bosque del Sur de la ciudad... Estuvo sola tanto tiempo que olvido su nombre... aunque de cierto modo jamas se puso a pensar en eso desde que se despertó... Solo sabia que era diferente, que su misión no era vivir por vivir, que no tendría la vida como las criaturas que miraba a escondidas. No fue hasta su sexto mes desde que piso tierra que se encontró con Sebastian, él aun no sabia de su existencia y ella sin animo de seguir las ordenes de sus hermanas, fue en contra impulso y callo en el juego de conocerlo.
Fue terrible, primero intento toparse con el por simple casualidad como muchos lo llamaban a aquello sin ser previsto y casi por suerte, ella no creía en la suerte, tampoco en el destino, ella solo creía que sentía algo fuera de lo común por el.
Pero nada paso. Él no volteo a verla nunca, era predecible, Sebastian apenas tenia 14 y la cuestión de chicas y chicos aun la veía lejana por los buenos resultados en los últimos dos años, Sebastian se empeño tanto en sus estudios que planeaba viajar al extranjero para estudiar en una excelente universidad de Europa.
El sueño de ambos se rompió en un solo día. Ella presencio lo terrible que resultaba para los otros, que ser ella no era normal, que nadie como aquel chico la llegaría a observar con ojos de amor o piedad en algún momento. Sebastian por otro lado, no sufrió por la baja de calificaciones, eso se fue en cuestión de meses, lo traumatisante vino cuando la vio por segunda vez, y la tercera... Y la cuarta donde exploto todo, con quince años ya iba donde un psicólogo... Les había dicho a sus padres que no estaba loco, que tal mujer existía, que la había visto 4 veces y en todas aquellas ocasiones ella no había hablado, la primera vez apenas y la oyó tiritar y llorar tras unos leves sorbos en su garganta seca. La misma semana de destrucción se sintieron el infierno propio, el caos en sus vidas y la peor miseria de todas.
Ellos se culparon así mismos, Sebastian no pudo evitar encerrarse en su habitación y casi no salir de casa, Ten solo quiso morir con su decisión. Era momento de alejarse, y lo hizo... por unos días. Pero Ten sintió orgullo al poder controlar su especie de responsabilidad con él. No quería que le ocurriera nada, y básicamente la culpa de todo la tenía ella, ahora Sebastian solo era un blanco fácil. Él chico no era especial en su mundo, pero ahora todo era distinto, y la razón por la que Ten estaba ahí era por eso.
Sus alas se abrieron, su espalda tomo una posición que hizo que fácilmente se sintiera incomoda. Con las alas ocultando la luz de la ventana todo se hizo oscuro y sombrío.
Entonces una voz rompió el silencio.
-¿Quieres que lo golpee? ¿O que es exactamente lo que esperas? - Ten volteo tan rápido que se sorprendió como sus alas se deshicieron de pronto.
Ambos vieron como la mujer al lado de la ventana sonreía. Tenia el cabello rubio y corto. Apenas llegaba a sus hombros y sus sonrisas era tan ancha como sus ojos color celestes.
-¿Q-que? ¿que haces aquí? - Ten no podía hablar. Era su misión estar ahí, era algo que solo ella podía hacer, y ahora... Ahora una de sus hermanas estaba en ese lugar y con sus sonrisas de siempre, pensando en jugar con él. Con el chico que amaba.
-Ten... - Dijo la joven mujer. Sus ojos se agrandaron con confusión y sarcasmo. - Es hora.
La respiración de Sebastian se acelero, pensó en correr. Pero su cuerpo se planto mientras sus dedos temblaban.
-Koowen...
-Las demás llegaran en un momento. ¿Quieres que lo hagan?
-No. - Su respuesta salio tan rápido que sus labios temblaron con la salida de aquella palabra.
Ten no tuvo tiempo de pensar en el futuro. Giro nuevamente y encontró a un chico hundido en un profundo hoyo imaginario.
-Tienes que venir conmigo.
Pero Sebastian parecía no oír.
-Hombrecillo. - Le dijo su hermana. - ¿No la oyes?
Koowen empezó a caminar lentamente hacia la pared contraria. Sebastian no retrocedió sino hasta que la tuvo a tres pasos de él.
-¿Cuál es su nombre? - Koween vestía unos jeans ajustados y rotos en las rodillas, su cabello alborotado y sucio hizo que su camiseta blanca se viera andrajosa y vieja. Ten no quiso que se le acercara. Temía que dijera algo que solo haya estado guardando en secreto.
-Koowen... - Susurro Ten.
-Espera. - Dijo Koowen. Miro con ojos fijos a Sebastian, le tomo solo un segundo tocar su boca con la suya.
Ten sintió que se desmoronaba.
Y mientras su boca era tocada por los labios más helados que había tocado en toda su vida, una ráfaga de ilusión le dijo que aquello era real. Una rubia de cara delgada y ojos claros como el cielo mismo de un día de verano, lo estaba besando. Eso era irreal para un chico como él, considerado un nerd y desde hace más de 2 años, considerado un loco, pero el estaba sintiendo sus labios.
Ten esquivo tal escena. Miró el suelo, y luego de intentar tranquilizarse volvio la mirada hacia ellos.
-Vete, Koowen.
Su garganta se seco al hablar, miro como el chico a quién protegió durante tanto tiempo tenía los ojos perdidos en ningún objeto en sí. Mientras que sus labios tenían una delgada y fina linea de sangre que resbalaba por su mentón.
-Tranquila, Ten. Sabes que no me aprovecharía de un niño como él. - Y su sonrisa mostró la satisfacción de ver la poca sensibilidad que le quedaba a Ten.
Koowen deslizó su dedo indice por su labio inferior. Su labio también estaba manchado, pero de una manera casi opaca y apenas tocada.
-Vete.
Su sonrisa desapareció. Su mirada fija fue dura y asesina. A continuación su manos se abrieron y las sombras de dos alas grises aparecieron por su espalda. Pero poco a poco y a diferencia de Ten estas se hicieron casi invisibles.
La ventana se abrió antes de que Koowen la tocara. Su cuerpo desapareció cuando sus pies dejaron el marco de la ventana.
Sebastían no podía creer lo que veía. Ni lo que había sentido.
¿Quienes eran? ¿Porque una de ellas lo había besado? ¿Que era exactamente lo que querían de él?
Sus pensamientos se rompieron en pedazos cuando vio como la primera mujer caía en el suelo.
Ten no resistió lo necesario. Llevaba 4 días sin dormir. Y aunque aquello sonaba tonto para lo que ella era, eso no significaba que el dolor dado por su madre no existiera. Ella sentía como un humano cualquiera, su naturaleza por otro lado no se asemejaba en nada a lo que los humanos llamaríamos normal. Ella llevaba consigo ciertas normas, cosas que debía hacer y solo dejaron de existir cuando la vida de Sebastían se atravesó con ella.
-T-tú... - Su cara se mostró cerca a la suya, era agradable verlo de cerca, y aunque solo era la segunda vez ella sonrió cuando su boca expulsaba aquellas palabras que le mostraron que ella no era considerada ya un forma de inexistencia. - ¿que te ocurre? - Sus manos empezaron a deslizarse en el suelo, era hora de irse. Irse con él.
ALAS ROJAS - Capitulo 2 (Primera parte)
Era imposible que ella estuviera frente a el. Casi frente a el...
Pero Sebastian había dejado su cordura... Todos lo creían un loco. Todos creyeron en las palabras de su hermano mayor, primero sus amigos y luego todo el vecindario. Fue horrible tener que evitar las miradas. Fue tan tenso que una vez escapo del agarre de su madre, solo tenla 14, y fue cuando escogía unos zapatos deportivos, pero eso no evito que corriera frente a las decenas de personas que sin tratar de disimular los murmuros y las miradas de recelo hacia él durante más de treinta minutos, lo hicieran dejar desesperada mente el lugar. Lloro frente aquel puente de apenas 10 metros de alto. La pequeña laguna siempre le servia de espejo para ver deslizar sus propias lagrimas. Cada una de esas lo hicieron recordar y padecer que para el mundo el solo era un chico con fallas mentales. Sebastian no estaba bien. No se sintió bien desde que la vio por primera vez.
Cumplió los 14 y uno de sus primeros regalos fue ver a una joven mujer con los brazos sobre sus rodillas... llorando y con aquel vestido blanco que le llegaba a los tobillos y la hacían ver como salida de un matrimonio sencillo.
Su boca se abrió, el aire apenas entro y la mujer frente a èl solo se quedo inmóvil, sin intención aparente de decir algo. Sebastian solo quería huir. Vio la puerta, media abierta y sin señales de luz desde afuera.
-Ten... - La escucho decir... ¿Como una presentación?
¿Esa cosa se estaba presentando?
Por un momento se sintió avergonzado por llamarla "cosa". Pero de decirle persona tendría miedo de darla por real... Y eso seria aceptar su locura. Eso... Ella... NO EXISTÍA.
Se lo repitió tantas veces que aun con los ojos fuera de ella pudo sentir como su cabeza le decía que solo repetía una frase sin sentido. Esa mujer... Esa cosa le había hablado.
-Mi nombre es Ten. - Sebastian la miro por primera vez a los ojos, no estaba tan cerca después de todo...
Sebastian se hizo una promesa. Jamas olvidaría aquellos ojos. Esos ojos no se borrarían de su memoria jamas. Eran verdes. Solo verdes, pero le demostraban que hasta tal color podía demostrar tristeza y mil un cosas incapaces de comprender a simple vista. Sebastian trago saliva.
Ten no evito ver su garganta. Era imposible no poder ver cada movimiento que aquel chico hiciera. Se le hacia imposible. Era como si sus ojos ya estuvieran acostumbrados a seguir cada insignificante cosa que él hiciera. Sebastìan la hacia sentir increíble. Y aquel pensamiento siempre le hizo sentir tonta, nunca había hablado con él, no hasta que...
Ver como sus ojos cojian un brillo de un momento a otro lo hizo paralizarse de nuevo.
Sebastian arrugo las sabanas bajo él, Medito por unos segundos y decidió hacer lo único que parecía lógico para èl.
Coloco cada pie en el suelo, ella siguió otra vez sus movimientos, eso lo molesto demasiado, se sintió preso... vulnerable.
Camino descalzo sobre la alfombra, no sintió frió en ningún momento desde que bajo, lo extraño se volvió hacia él cuando paso detrás de ella, sintió aquel frió que lastimaba. Ella no había volteado, solo mantuvo la mirada aun sobre la cama de donde ya había salido, parecía haberse rendido cuando el se dispuso a caminar de un extremo a otro.
Sebastian disfruto el pequeño dolor de aquel frió, aun parado y mirando hacia la pared vacía y opuesta a la puerta.
Ten movió sus dedos, entonces el hiriente frió empezó a desaparecer.
Sebastìan pensaba en su cordura, no quería escapar de ella, giro levemente la cabeza y vio como su vestido blanco, aquel mismo vestido con el que la vio hace dos años, aquel mismo que lo hizo pensar que era solo parte de un sueño, estaba roto, si, aquel hermoso y pero maltratado vestido que aun llevaba tenia dos desgarros que lo partían por unos diez centímetros como mínimo, aun las tiras se sostenían sobre sus hombros, entonces sus malos recuerdos se apoderaron de el, pensó en el por que su imaginación había ideado tales ideas.
Escribiría un libro sobre aquello, se harìa rico, pagaría las medicinas que tendría que tomar para dejar que la locura lo dejara por aunque sea un par de horas.
Su mente vago solo por uno o dos segundos... No creyó que en tan poco tiempo pudiera imaginar tanto, pero lo sorprendió la rapidez de su cerebro...
Su piel maltratada y expuesta en el vestido, en su espalda, se abrió, dos grandes heridas se mostraron, la sangre, y un leve quejido hicieron que Sebastian se diera cuenta que el no pudo haber creado tal escena.
No lo creía capaz de crear tal horror.
La opacidad de unas alas apenas visibles aparecieron tan deprisa que su corazón por un momento pareció haberse detenido. Sus ojos se ampliaron mientras que la sangre roja manchaba su vestido, leves gotas bailaron a la melodía de su quejido, pero no tardaron desaparecer, como adheriendose a la piel, pero desapareciendo por completo... Era fascinante ver tal escena, no era creíble, no era posible, su vestido aun seguía maltratado pero ahora fue casi cubierto por las grandes alas grises.
Ten voltio levemente, y cuando dio sus primeros pasos frente a él, a solo centímetros de su rostro, y con esa expresión de ternura y amor, presiono y cosquillo sus propios dedos, tenerlo tan cerca... la sensación era increíble, hubiese querido solo vivir aquel momento, no tener que pensar en lo que venia exactamente a decirle.
Su aliento se sentía frió, tanto como el pasar detrás de ella y quedarse esperando ser congelado. Ella era apenas un par de centímetros mas baja que èl, y aunque no sentía que le esperara algo malo en los próximos segundos, algo despertó su inquietud, ella era bella, ella era hermosa de una manera diferente, no era una chica cualquiera, tener alas que sangraran y luego las manchas desaparecieran era una locura, pero no temía por su vida ahora, ya no le importaba lo que quería o no, ¿estaba loco? Si era una locura ya no le importaba, su vida ya era un desastre después de todo.
El par de alas detrás suyo llamaron mucho la atención del chico que creía amar tanto que no podía pensar en su propio bienestar. Pero tampoco le importo, tenerlo cerca recompensaba todo después de los años que vivió oculta.
Casi como si fuese solo un acto reflejo, sus alas lo protegieron, estas rodearon a ambos, cubriéndolos como si de una capa de protección y sin distracción los apartara de todo, Sebastian miro aquellas enormes alas, un metro era lo mínimo que suponía los sobrepasaba. El frío se esfumo nuevamente, tan rápido y casi sin entenderlo le gusto tal sensación. Una de sus manos se levanto levemente, no pensó que lo harìa, pero la toco, la toco pero no fue lo que Ten hubiese querido que pasara, pero lo supuso. Sebastian no pudo evitar retirar su mano de la de ella, un alivio lo desbordo cuando sintió su piel. Era real. Ella era real
-S-Sebastian... - Siseo el muchacho que no podía evitar tener miedo otra vez. No intento volverla a tocar. Era suficiente. Fue suficiente ver como había provocado que ella bajara los ojos y sus dedos se apretaran con fuerza. Temía que ella fuera a hacerle algo. Provocar que aquella criatura hiciera algo que lo hiriera.
-Tienes que venir conmigo. - Fueron las palabras de Ten. Ella no pudo creer su valentía. Ella sintió que su piel era arrasada por un leve escalofrió. Su respiración se paró cuando levanto la barbilla y Sebastian retrocedió un paso. Era como lo había imaginado, él tenia miedo, le tenia miedo.
Pero Sebastian había dejado su cordura... Todos lo creían un loco. Todos creyeron en las palabras de su hermano mayor, primero sus amigos y luego todo el vecindario. Fue horrible tener que evitar las miradas. Fue tan tenso que una vez escapo del agarre de su madre, solo tenla 14, y fue cuando escogía unos zapatos deportivos, pero eso no evito que corriera frente a las decenas de personas que sin tratar de disimular los murmuros y las miradas de recelo hacia él durante más de treinta minutos, lo hicieran dejar desesperada mente el lugar. Lloro frente aquel puente de apenas 10 metros de alto. La pequeña laguna siempre le servia de espejo para ver deslizar sus propias lagrimas. Cada una de esas lo hicieron recordar y padecer que para el mundo el solo era un chico con fallas mentales. Sebastian no estaba bien. No se sintió bien desde que la vio por primera vez.
Cumplió los 14 y uno de sus primeros regalos fue ver a una joven mujer con los brazos sobre sus rodillas... llorando y con aquel vestido blanco que le llegaba a los tobillos y la hacían ver como salida de un matrimonio sencillo.
Su boca se abrió, el aire apenas entro y la mujer frente a èl solo se quedo inmóvil, sin intención aparente de decir algo. Sebastian solo quería huir. Vio la puerta, media abierta y sin señales de luz desde afuera.
-Ten... - La escucho decir... ¿Como una presentación?
¿Esa cosa se estaba presentando?
Por un momento se sintió avergonzado por llamarla "cosa". Pero de decirle persona tendría miedo de darla por real... Y eso seria aceptar su locura. Eso... Ella... NO EXISTÍA.
Se lo repitió tantas veces que aun con los ojos fuera de ella pudo sentir como su cabeza le decía que solo repetía una frase sin sentido. Esa mujer... Esa cosa le había hablado.
-Mi nombre es Ten. - Sebastian la miro por primera vez a los ojos, no estaba tan cerca después de todo...
Sebastian se hizo una promesa. Jamas olvidaría aquellos ojos. Esos ojos no se borrarían de su memoria jamas. Eran verdes. Solo verdes, pero le demostraban que hasta tal color podía demostrar tristeza y mil un cosas incapaces de comprender a simple vista. Sebastian trago saliva.
Ten no evito ver su garganta. Era imposible no poder ver cada movimiento que aquel chico hiciera. Se le hacia imposible. Era como si sus ojos ya estuvieran acostumbrados a seguir cada insignificante cosa que él hiciera. Sebastìan la hacia sentir increíble. Y aquel pensamiento siempre le hizo sentir tonta, nunca había hablado con él, no hasta que...
Ver como sus ojos cojian un brillo de un momento a otro lo hizo paralizarse de nuevo.
Sebastian arrugo las sabanas bajo él, Medito por unos segundos y decidió hacer lo único que parecía lógico para èl.
Coloco cada pie en el suelo, ella siguió otra vez sus movimientos, eso lo molesto demasiado, se sintió preso... vulnerable.
Camino descalzo sobre la alfombra, no sintió frió en ningún momento desde que bajo, lo extraño se volvió hacia él cuando paso detrás de ella, sintió aquel frió que lastimaba. Ella no había volteado, solo mantuvo la mirada aun sobre la cama de donde ya había salido, parecía haberse rendido cuando el se dispuso a caminar de un extremo a otro.
Sebastian disfruto el pequeño dolor de aquel frió, aun parado y mirando hacia la pared vacía y opuesta a la puerta.
Ten movió sus dedos, entonces el hiriente frió empezó a desaparecer.
Sebastìan pensaba en su cordura, no quería escapar de ella, giro levemente la cabeza y vio como su vestido blanco, aquel mismo vestido con el que la vio hace dos años, aquel mismo que lo hizo pensar que era solo parte de un sueño, estaba roto, si, aquel hermoso y pero maltratado vestido que aun llevaba tenia dos desgarros que lo partían por unos diez centímetros como mínimo, aun las tiras se sostenían sobre sus hombros, entonces sus malos recuerdos se apoderaron de el, pensó en el por que su imaginación había ideado tales ideas.
Escribiría un libro sobre aquello, se harìa rico, pagaría las medicinas que tendría que tomar para dejar que la locura lo dejara por aunque sea un par de horas.
Su mente vago solo por uno o dos segundos... No creyó que en tan poco tiempo pudiera imaginar tanto, pero lo sorprendió la rapidez de su cerebro...
Su piel maltratada y expuesta en el vestido, en su espalda, se abrió, dos grandes heridas se mostraron, la sangre, y un leve quejido hicieron que Sebastian se diera cuenta que el no pudo haber creado tal escena.
No lo creía capaz de crear tal horror.
La opacidad de unas alas apenas visibles aparecieron tan deprisa que su corazón por un momento pareció haberse detenido. Sus ojos se ampliaron mientras que la sangre roja manchaba su vestido, leves gotas bailaron a la melodía de su quejido, pero no tardaron desaparecer, como adheriendose a la piel, pero desapareciendo por completo... Era fascinante ver tal escena, no era creíble, no era posible, su vestido aun seguía maltratado pero ahora fue casi cubierto por las grandes alas grises.
Ten voltio levemente, y cuando dio sus primeros pasos frente a él, a solo centímetros de su rostro, y con esa expresión de ternura y amor, presiono y cosquillo sus propios dedos, tenerlo tan cerca... la sensación era increíble, hubiese querido solo vivir aquel momento, no tener que pensar en lo que venia exactamente a decirle.
Su aliento se sentía frió, tanto como el pasar detrás de ella y quedarse esperando ser congelado. Ella era apenas un par de centímetros mas baja que èl, y aunque no sentía que le esperara algo malo en los próximos segundos, algo despertó su inquietud, ella era bella, ella era hermosa de una manera diferente, no era una chica cualquiera, tener alas que sangraran y luego las manchas desaparecieran era una locura, pero no temía por su vida ahora, ya no le importaba lo que quería o no, ¿estaba loco? Si era una locura ya no le importaba, su vida ya era un desastre después de todo.
El par de alas detrás suyo llamaron mucho la atención del chico que creía amar tanto que no podía pensar en su propio bienestar. Pero tampoco le importo, tenerlo cerca recompensaba todo después de los años que vivió oculta.
Casi como si fuese solo un acto reflejo, sus alas lo protegieron, estas rodearon a ambos, cubriéndolos como si de una capa de protección y sin distracción los apartara de todo, Sebastian miro aquellas enormes alas, un metro era lo mínimo que suponía los sobrepasaba. El frío se esfumo nuevamente, tan rápido y casi sin entenderlo le gusto tal sensación. Una de sus manos se levanto levemente, no pensó que lo harìa, pero la toco, la toco pero no fue lo que Ten hubiese querido que pasara, pero lo supuso. Sebastian no pudo evitar retirar su mano de la de ella, un alivio lo desbordo cuando sintió su piel. Era real. Ella era real
-S-Sebastian... - Siseo el muchacho que no podía evitar tener miedo otra vez. No intento volverla a tocar. Era suficiente. Fue suficiente ver como había provocado que ella bajara los ojos y sus dedos se apretaran con fuerza. Temía que ella fuera a hacerle algo. Provocar que aquella criatura hiciera algo que lo hiriera.
-Tienes que venir conmigo. - Fueron las palabras de Ten. Ella no pudo creer su valentía. Ella sintió que su piel era arrasada por un leve escalofrió. Su respiración se paró cuando levanto la barbilla y Sebastian retrocedió un paso. Era como lo había imaginado, él tenia miedo, le tenia miedo.
ALAS ROJAS - Capitulo 1
CAPÍTULO 1:
-Por todos los cielos... ¿Te has visto la cara? - Le preguntó su hermano. Sebastían apenas acababa de llegar de la escuela.
Ya estaba harto de ver a aquella cosa. Ir al psicólogo no ayudo mucho.
Hablar con su hermano solo lo dio por loco... al principio. Luego sus padres sospecharon que consumía drogas, desde entonces lo traían y dejaban en la escuela tan seguido que ya hasta sentía vergüenza por como medio salón de clases lo veía.
¿Tenía 8 años?
Sus padres no lo entendían. Su hermano ya no quería entenderlo. Y era lógico. Su historia era de lo más anormal posible.
¿Era un alma? ¿Un ángel?
Pero si así lo fuera... ¿que tenía que ver él con esa cosa?
Se sentía frustrado. Cansado. Y por todo lo demás de su preocupación por la universidad, él empezaba a darse por vencido.
-Estoy enfermo. - Respondió Sebastían al castaño de un metro 80 frente a él.
-Eso ya lo sé. - Dijo con notoriedad y burla a quién llevaba más que una vida soportando. - Mamá dijo que comieras... ¿No has olvidado como usar el horno microondas, ¿verdad? - Alex tenía el cráneo algo vacío. Pero Sebastían creía que eso se le había pegado.
-Lárgate. -
-Mira que animo... - Dijo Alex, esquivándolo y mirando hacia la puerta frente suyo. - Necesitas ir al loquero, hermano.
Sebastian apenas y podía imaginar su cama, tenía mucha tarea y no le apetecía comer nada. Solo tenía sed.
Casi siempre tenía sed. Él hambre se iba casi siempre. El último chequeo con el médico no fue muy bueno, una gastritis lo dañaría muy pronto si no comía como debía.
Miró hacia las escaleras.
Su mochila callo sobre el primer escalón. Camino despacio. Cada paso era tan tortuoso, que con dificultad y llegaba a respirar por completo.
Su habitación se encontraba en el fondo del 2do piso, era la habitación más pequeña, y la que estaba al otro extremo del baño. Miró a ambos lados, su corazón pareció haber sido golpeado por un puño invisible. Un gruñido se escapo de su boca.
Una de sus manos toco su pecho, el dolor aumento.
Sus rodillas se estrellaron con la alfombra que cubría el pasadizo de la segunda planta. Estaba completamente solo. Así que su vista no podía ser manchada por nada más que el fondo con las dos puertas que pertenecían a las habitaciones de sus padres, y la de él.
Una corazonada de lo que iba a ocurrir lo hizo sonreír, Sebastian no sonreía hace mucho, pero verla frente a él le hizo pensar que no eran alucinaciones, ella lo buscaba, él no pudo haber formado tal imagen, tal ser.
El ángel había regresado. La mujer de ojos de un verde tan claro, lo veía con una leve sonrisa. Sí, ella tenía mucho que ver con su comportamiento en los últimos meses, pero no dejaba de decírselo.
¿Por que él?
-Por todos los cielos... ¿Te has visto la cara? - Le preguntó su hermano. Sebastían apenas acababa de llegar de la escuela.
Ya estaba harto de ver a aquella cosa. Ir al psicólogo no ayudo mucho.
Hablar con su hermano solo lo dio por loco... al principio. Luego sus padres sospecharon que consumía drogas, desde entonces lo traían y dejaban en la escuela tan seguido que ya hasta sentía vergüenza por como medio salón de clases lo veía.
¿Tenía 8 años?
Sus padres no lo entendían. Su hermano ya no quería entenderlo. Y era lógico. Su historia era de lo más anormal posible.
¿Era un alma? ¿Un ángel?
Pero si así lo fuera... ¿que tenía que ver él con esa cosa?
Se sentía frustrado. Cansado. Y por todo lo demás de su preocupación por la universidad, él empezaba a darse por vencido.
-Estoy enfermo. - Respondió Sebastían al castaño de un metro 80 frente a él.
-Eso ya lo sé. - Dijo con notoriedad y burla a quién llevaba más que una vida soportando. - Mamá dijo que comieras... ¿No has olvidado como usar el horno microondas, ¿verdad? - Alex tenía el cráneo algo vacío. Pero Sebastían creía que eso se le había pegado.
-Lárgate. -
-Mira que animo... - Dijo Alex, esquivándolo y mirando hacia la puerta frente suyo. - Necesitas ir al loquero, hermano.
Sebastian apenas y podía imaginar su cama, tenía mucha tarea y no le apetecía comer nada. Solo tenía sed.
Casi siempre tenía sed. Él hambre se iba casi siempre. El último chequeo con el médico no fue muy bueno, una gastritis lo dañaría muy pronto si no comía como debía.
Miró hacia las escaleras.
Su mochila callo sobre el primer escalón. Camino despacio. Cada paso era tan tortuoso, que con dificultad y llegaba a respirar por completo.
Su habitación se encontraba en el fondo del 2do piso, era la habitación más pequeña, y la que estaba al otro extremo del baño. Miró a ambos lados, su corazón pareció haber sido golpeado por un puño invisible. Un gruñido se escapo de su boca.
Una de sus manos toco su pecho, el dolor aumento.
Sus rodillas se estrellaron con la alfombra que cubría el pasadizo de la segunda planta. Estaba completamente solo. Así que su vista no podía ser manchada por nada más que el fondo con las dos puertas que pertenecían a las habitaciones de sus padres, y la de él.
Una corazonada de lo que iba a ocurrir lo hizo sonreír, Sebastian no sonreía hace mucho, pero verla frente a él le hizo pensar que no eran alucinaciones, ella lo buscaba, él no pudo haber formado tal imagen, tal ser.
El ángel había regresado. La mujer de ojos de un verde tan claro, lo veía con una leve sonrisa. Sí, ella tenía mucho que ver con su comportamiento en los últimos meses, pero no dejaba de decírselo.
¿Por que él?
ALAS ROJAS - Sinopsis
SINOPSIS
Ten vivía entre las sombras. Ten prácticamente era una sombra. Ten jamás creyó que se enamoraría. ¿Eso le podía pasar a ella?
Cada vez que se lo preguntaba no hallaba respuesta.
Trato de preguntar... ¿Pero que sabrían los demás?
Ella no era normal.
Bueno, no era normal para él...
Sebastían solo tenía 16 años cuando la vio por primera vez. Él prácticamente huyo de ella.
Y así es como un par de criaturas jamás olvidaron a la otra.
Así es como Ten, la criatura de alas sangrientas se mostró frente al muy común Sebastian.
Así es como su historia solo se desarrolla en un tiempo muy corto para Sebastian, y un muy largo y agonizante periodo de enamoramiento en el que Ten solo puede observar y pedir que nada le suceda al adolescente a quién salva en repetidas ocasiones.
Ten mira su pasado, Ten pide su tranquilidad pasada. Ten mira su soledad. No recuerda cuantos años tiene. No sabe si lo que hace es necesario o no. Solo sabe que cada ves que sus alas sangran es por que acaban de darle una oportunidad más a Sebastian.
Ten sufre. Ten mira su dolor, pero no le importa. Ten respira y su alrededor se vuelve gris. Ten pide la muerte. Ten pide que su mundo sea solo Sebastian.
Ten vivía entre las sombras. Ten prácticamente era una sombra. Ten jamás creyó que se enamoraría. ¿Eso le podía pasar a ella?
Cada vez que se lo preguntaba no hallaba respuesta.
Trato de preguntar... ¿Pero que sabrían los demás?
Ella no era normal.
Bueno, no era normal para él...
Sebastían solo tenía 16 años cuando la vio por primera vez. Él prácticamente huyo de ella.
Y así es como un par de criaturas jamás olvidaron a la otra.
Así es como Ten, la criatura de alas sangrientas se mostró frente al muy común Sebastian.
Así es como su historia solo se desarrolla en un tiempo muy corto para Sebastian, y un muy largo y agonizante periodo de enamoramiento en el que Ten solo puede observar y pedir que nada le suceda al adolescente a quién salva en repetidas ocasiones.
Ten mira su pasado, Ten pide su tranquilidad pasada. Ten mira su soledad. No recuerda cuantos años tiene. No sabe si lo que hace es necesario o no. Solo sabe que cada ves que sus alas sangran es por que acaban de darle una oportunidad más a Sebastian.
Ten sufre. Ten mira su dolor, pero no le importa. Ten respira y su alrededor se vuelve gris. Ten pide la muerte. Ten pide que su mundo sea solo Sebastian.
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Llevaba mucho tiempo ignorando los colores del amanecer. Observaba con temor los días. Quizá los sueños habían terminado conmigo. ¿No lo h...