CAPÍTULO 1:
-Por todos los cielos... ¿Te has visto la cara? - Le preguntó su hermano. Sebastían apenas acababa de llegar de la escuela.
Ya estaba harto de ver a aquella cosa. Ir al psicólogo no ayudo mucho.
Hablar con su hermano solo lo dio por loco... al principio. Luego sus padres sospecharon que consumía drogas, desde entonces lo traían y dejaban en la escuela tan seguido que ya hasta sentía vergüenza por como medio salón de clases lo veía.
¿Tenía 8 años?
Sus padres no lo entendían. Su hermano ya no quería entenderlo. Y era lógico. Su historia era de lo más anormal posible.
¿Era un alma? ¿Un ángel?
Pero si así lo fuera... ¿que tenía que ver él con esa cosa?
Se sentía frustrado. Cansado. Y por todo lo demás de su preocupación por la universidad, él empezaba a darse por vencido.
-Estoy enfermo. - Respondió Sebastían al castaño de un metro 80 frente a él.
-Eso ya lo sé. - Dijo con notoriedad y burla a quién llevaba más que una vida soportando. - Mamá dijo que comieras... ¿No has olvidado como usar el horno microondas, ¿verdad? - Alex tenía el cráneo algo vacío. Pero Sebastían creía que eso se le había pegado.
-Lárgate. -
-Mira que animo... - Dijo Alex, esquivándolo y mirando hacia la puerta frente suyo. - Necesitas ir al loquero, hermano.
Sebastian apenas y podía imaginar su cama, tenía mucha tarea y no le apetecía comer nada. Solo tenía sed.
Casi siempre tenía sed. Él hambre se iba casi siempre. El último chequeo con el médico no fue muy bueno, una gastritis lo dañaría muy pronto si no comía como debía.
Miró hacia las escaleras.
Su mochila callo sobre el primer escalón. Camino despacio. Cada paso era tan tortuoso, que con dificultad y llegaba a respirar por completo.
Su habitación se encontraba en el fondo del 2do piso, era la habitación más pequeña, y la que estaba al otro extremo del baño. Miró a ambos lados, su corazón pareció haber sido golpeado por un puño invisible. Un gruñido se escapo de su boca.
Una de sus manos toco su pecho, el dolor aumento.
Sus rodillas se estrellaron con la alfombra que cubría el pasadizo de la segunda planta. Estaba completamente solo. Así que su vista no podía ser manchada por nada más que el fondo con las dos puertas que pertenecían a las habitaciones de sus padres, y la de él.
Una corazonada de lo que iba a ocurrir lo hizo sonreír, Sebastian no sonreía hace mucho, pero verla frente a él le hizo pensar que no eran alucinaciones, ella lo buscaba, él no pudo haber formado tal imagen, tal ser.
El ángel había regresado. La mujer de ojos de un verde tan claro, lo veía con una leve sonrisa. Sí, ella tenía mucho que ver con su comportamiento en los últimos meses, pero no dejaba de decírselo.
¿Por que él?
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