TUS OJOS EN LA NOCHE

Estefan miró sobre su hombro. 
"Maldita sea" Pensó.
Aún parecía verla. 
No quería ver a sus ojos.
Odiaba sus ojos. Los odio desde el principio.
"Maldita sea" Volvió a decirse.
"Te he extrañado" Le dijo Elizabeth.
"Vete" Susurro Estefan.
"Tú no me quieres lejos" Le respondió la mujer.
"Solo me molestas..." Fue tajante. Directo y sincero.
Pero Elizabeth no se iba a dar por vencido.
Siempre llegaba a la misma hora. Unos minutos antes de que Estefan durmiera, y mucho antes de que sus padres llegaran.
"Me quieres..." Se lo confirmo Elizabeth.
"Te quería." La voz de Estefan empezaba ha apagarse. Tenía ganas de llorar. Y aunque aún no había visto directo a los ojos de su ex novia, supo que ella esbozaba una leve sonrisa. Complacida. Atenta. Gustosa de oírlo decir esas palabras.
"Te quiero, te quiero demasiado."
"Pero es tarde." Le recordó Estefan.
"Lo siento." Dijo una arrepentida Elizabeth.
"Debimos de hacerlo juntos..." Volvió a susurrar Estefan.
"No..." Le contesto la mujer. Entonces una pequeña pausa le dijo que aquello era el fin. 
"Aún puedo remediar las cosas. Aún podemos estar juntos." 
Elizabeth no entendía el porque de su cambio de respuestas.
Sus cabellos negros, lisos y largos caían por sus hombros y al caminar uno que otro mechón tapo su rostro.
Sus pies descalzos no hacían ruido alguno. A Estefan le gustaba que no hicieran ruido alguno.
"Tú no quieres venir conmigo..."
"¡Ya no sentiré nada!"
Elizabeth vio la desesperación en los ojos de Estefan.
Sintió lastima por él chico que extrañaba.
"Adiós."
"Hasta pronto, Elizabeth."
Estefan se sentó sobre su cama. Su padre tenía su día libre, así que había dejado su arma en el closet. Estefan la había cogido desde temprano. 
Se levantó muy temprano ese día, pensó durante semanas en aquel día. Sabía que no había vuelta atrás. Lo sabía y eso le parecía esperanzador.
Saco el revolver del pequeño cajón en la mesita de noche al lado de su cama.  Estaba fría. Como su corazón. Como su cuerpo. Como su alma. Como sus pensamientos.
Sus manos se aferraron al gatillo. Sonrió al recordar su vida. Pero una última imagen vino a él. 
El suicidio de Elizabeth. 
Entonces el estruendo del arma rompió el silencio de la casa entera. 
Su padre no pudo pensar en otra cosa más que un accidente. Al llamar con desesperación a su único hijo y buscarlo por las habitaciones de la casa, se encontró parado frente a la habitación del muchacho.
Al abrir la puerta sus ojos se expandieron  y no parpadearon hasta varios segundos después. 
Estefan estaba muerto, con la sangre brotando desde atrás de su cabeza. Su cuerpo estaba en el suelo. Con él arma muy cerca a él. 
El padre de Estefan no pudo evitar ver la hoja de papel sobre la cama de su hijo. 
El terror lo inundo. 
Aquellas palabras le helaron la sangre. 
"Lo siento, no pude detenerlo. Elizabeth." 




Caída

Llevaba mucho tiempo ignorando los colores del amanecer. Observaba con temor los días. Quizá los sueños habían terminado conmigo. ¿No lo h...