ALAS ROJAS - Capitulo 2 (Primera parte)

Era imposible que ella estuviera frente a el. Casi frente a el...
Pero Sebastian había dejado su cordura... Todos lo creían un loco. Todos creyeron en las palabras de su hermano mayor, primero sus amigos y luego todo el vecindario. Fue horrible tener que evitar las miradas. Fue tan tenso que una vez escapo del agarre de su madre, solo tenla 14, y fue cuando escogía unos zapatos deportivos, pero eso no evito que corriera frente a las decenas de personas que sin tratar de disimular los murmuros y las miradas de recelo hacia él durante más de treinta minutos, lo hicieran dejar desesperada mente el lugar. Lloro frente aquel puente de apenas 10 metros de alto. La pequeña laguna siempre le servia de espejo para ver deslizar sus propias lagrimas. Cada una de esas lo hicieron recordar y padecer que para el mundo el solo era un chico con fallas mentales. Sebastian no estaba bien. No se sintió bien desde que la vio por primera vez.
Cumplió los 14 y uno de sus primeros regalos fue ver a una joven mujer con los brazos sobre sus rodillas... llorando y con aquel vestido blanco que le llegaba a los tobillos y la hacían ver como salida de un matrimonio sencillo.
Su boca se abrió, el aire apenas entro y la mujer frente a èl solo se quedo inmóvil, sin intención aparente de decir algo. Sebastian solo quería huir. Vio la puerta, media abierta y sin señales de luz desde afuera.
-Ten... - La escucho decir... ¿Como una presentación?
¿Esa cosa se estaba presentando?
Por un momento se sintió avergonzado por llamarla "cosa". Pero de decirle persona tendría miedo de darla por real... Y eso seria aceptar su locura. Eso... Ella... NO EXISTÍA.
Se lo repitió tantas veces que aun con los ojos fuera de ella pudo sentir como su cabeza le decía que solo repetía una frase sin sentido. Esa mujer... Esa cosa le había hablado.
-Mi nombre es Ten. - Sebastian la miro por primera vez a los ojos, no estaba tan cerca después de todo...
Sebastian se hizo una promesa. Jamas olvidaría aquellos ojos. Esos ojos no se borrarían de su memoria jamas. Eran verdes. Solo verdes, pero le demostraban que hasta tal color podía demostrar tristeza y mil un cosas incapaces de comprender a simple vista. Sebastian trago saliva.
Ten no evito ver su garganta. Era imposible no poder ver cada movimiento que aquel chico hiciera. Se le hacia imposible. Era como si sus ojos ya estuvieran acostumbrados a seguir cada insignificante cosa que él hiciera. Sebastìan la hacia sentir increíble. Y aquel pensamiento siempre le hizo sentir tonta, nunca había hablado con él, no hasta que...
Ver como sus ojos cojian un brillo de un momento a otro lo hizo paralizarse de nuevo.
Sebastian arrugo las sabanas bajo él, Medito por unos segundos y decidió hacer lo único que parecía lógico para èl.
Coloco cada pie en el suelo, ella siguió otra vez sus movimientos, eso lo molesto demasiado, se sintió preso... vulnerable.
Camino descalzo sobre la alfombra, no sintió frió en ningún momento desde que bajo, lo extraño se volvió hacia él cuando paso detrás de ella, sintió aquel frió que lastimaba. Ella no había volteado, solo mantuvo la mirada aun sobre la cama de donde ya había salido, parecía haberse rendido cuando el se dispuso a caminar de un extremo a otro.
Sebastian disfruto el pequeño dolor de aquel frió, aun parado y mirando hacia la pared vacía y opuesta a la puerta.
Ten movió sus dedos, entonces el hiriente frió empezó a desaparecer.
Sebastìan pensaba en su cordura, no quería escapar de ella, giro levemente la cabeza y vio como su vestido blanco, aquel mismo vestido con el que la vio hace dos años, aquel mismo que lo hizo pensar que era solo parte de un sueño, estaba roto, si, aquel hermoso y pero maltratado vestido que aun llevaba tenia dos desgarros que lo partían por unos diez centímetros como mínimo, aun las tiras se sostenían sobre sus hombros, entonces sus malos recuerdos se apoderaron de el, pensó en el por que su imaginación había ideado tales ideas.
Escribiría un libro sobre aquello, se harìa rico, pagaría las medicinas que tendría que tomar para dejar que la locura lo dejara por aunque sea un par de horas.
Su mente vago solo por uno o dos segundos... No creyó que en tan poco tiempo pudiera imaginar tanto, pero lo sorprendió la rapidez de su cerebro...
Su piel maltratada y expuesta en el vestido, en su espalda, se abrió, dos grandes heridas se mostraron, la sangre, y un leve quejido hicieron que Sebastian se diera cuenta que el no pudo haber creado tal escena.
No lo creía capaz de crear tal horror.
La opacidad de unas alas apenas visibles aparecieron tan deprisa que su corazón por un momento pareció haberse detenido. Sus ojos se ampliaron mientras que la sangre roja manchaba su vestido, leves gotas bailaron a la melodía de su quejido, pero no tardaron desaparecer, como adheriendose a la piel, pero desapareciendo por completo... Era fascinante ver tal escena, no era creíble, no era posible, su vestido aun seguía maltratado pero ahora fue casi cubierto por las grandes alas grises.
Ten voltio levemente, y cuando dio sus primeros pasos frente a él, a solo centímetros de su rostro, y con esa expresión de ternura y amor, presiono y cosquillo sus propios dedos, tenerlo tan cerca... la sensación era increíble, hubiese querido solo vivir aquel momento, no tener que pensar en lo que venia exactamente a decirle.
Su aliento se sentía frió, tanto como el pasar detrás de ella y quedarse esperando ser congelado. Ella era apenas un par de centímetros mas baja que èl, y aunque no sentía que le esperara algo malo en los próximos segundos, algo despertó su inquietud, ella era bella, ella era hermosa de una manera diferente, no era una chica cualquiera, tener alas que sangraran y luego las manchas desaparecieran era una locura, pero no temía por su vida ahora, ya no le importaba lo que quería o no, ¿estaba loco? Si era una locura ya no le importaba, su vida ya era un desastre después de todo.
El par de alas detrás suyo llamaron mucho la atención del chico que creía amar tanto que no podía pensar en su propio bienestar. Pero tampoco le importo, tenerlo cerca recompensaba todo después de los años que vivió oculta.
Casi como si fuese solo un acto reflejo, sus alas lo protegieron, estas rodearon a ambos, cubriéndolos como si de una capa de protección y sin distracción los apartara de todo, Sebastian miro aquellas enormes alas, un metro era lo mínimo que suponía los sobrepasaba. El frío se esfumo nuevamente, tan rápido y casi sin entenderlo le gusto tal sensación. Una de sus manos se levanto levemente, no pensó que lo harìa, pero la toco, la toco pero no fue lo que Ten hubiese querido que pasara, pero lo supuso. Sebastian no pudo evitar retirar su mano de la de ella, un alivio lo desbordo cuando sintió su piel. Era real. Ella era real
-S-Sebastian... - Siseo el muchacho que no podía evitar tener miedo otra vez. No intento volverla a tocar. Era suficiente. Fue suficiente ver como había provocado que ella bajara los ojos y sus dedos se apretaran con fuerza. Temía que ella fuera a hacerle algo. Provocar que aquella criatura hiciera algo que lo hiriera.
-Tienes que venir conmigo. - Fueron las palabras de Ten. Ella no pudo creer su valentía. Ella sintió que su piel era arrasada por un leve escalofrió. Su respiración se paró cuando levanto la barbilla y Sebastian retrocedió un paso. Era como lo había imaginado, él tenia miedo, le tenia miedo.

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