Ten no pudo evitar repetirse una y otra vez aquella frase que la fastidiaba tanto de si misma.
"Te lo dije"
Su cabeza estaba llena de pensamientos negativos y el simple hecho de que el chico que vio por mas de dos años le estuviese diciendo de forma más directa que indirecta que le temía... y por obvias razones... En especial desde que paso lo del pequeño percance de llegada...
Ten no quiso pensar en eso. Su llegada fue un desastre. Estaba sola y rodeada de un bosque del Sur de la ciudad... Estuvo sola tanto tiempo que olvido su nombre... aunque de cierto modo jamas se puso a pensar en eso desde que se despertó... Solo sabia que era diferente, que su misión no era vivir por vivir, que no tendría la vida como las criaturas que miraba a escondidas. No fue hasta su sexto mes desde que piso tierra que se encontró con Sebastian, él aun no sabia de su existencia y ella sin animo de seguir las ordenes de sus hermanas, fue en contra impulso y callo en el juego de conocerlo.
Fue terrible, primero intento toparse con el por simple casualidad como muchos lo llamaban a aquello sin ser previsto y casi por suerte, ella no creía en la suerte, tampoco en el destino, ella solo creía que sentía algo fuera de lo común por el.
Pero nada paso. Él no volteo a verla nunca, era predecible, Sebastian apenas tenia 14 y la cuestión de chicas y chicos aun la veía lejana por los buenos resultados en los últimos dos años, Sebastian se empeño tanto en sus estudios que planeaba viajar al extranjero para estudiar en una excelente universidad de Europa.
El sueño de ambos se rompió en un solo día. Ella presencio lo terrible que resultaba para los otros, que ser ella no era normal, que nadie como aquel chico la llegaría a observar con ojos de amor o piedad en algún momento. Sebastian por otro lado, no sufrió por la baja de calificaciones, eso se fue en cuestión de meses, lo traumatisante vino cuando la vio por segunda vez, y la tercera... Y la cuarta donde exploto todo, con quince años ya iba donde un psicólogo... Les había dicho a sus padres que no estaba loco, que tal mujer existía, que la había visto 4 veces y en todas aquellas ocasiones ella no había hablado, la primera vez apenas y la oyó tiritar y llorar tras unos leves sorbos en su garganta seca. La misma semana de destrucción se sintieron el infierno propio, el caos en sus vidas y la peor miseria de todas.
Ellos se culparon así mismos, Sebastian no pudo evitar encerrarse en su habitación y casi no salir de casa, Ten solo quiso morir con su decisión. Era momento de alejarse, y lo hizo... por unos días. Pero Ten sintió orgullo al poder controlar su especie de responsabilidad con él. No quería que le ocurriera nada, y básicamente la culpa de todo la tenía ella, ahora Sebastian solo era un blanco fácil. Él chico no era especial en su mundo, pero ahora todo era distinto, y la razón por la que Ten estaba ahí era por eso.
Sus alas se abrieron, su espalda tomo una posición que hizo que fácilmente se sintiera incomoda. Con las alas ocultando la luz de la ventana todo se hizo oscuro y sombrío.
Entonces una voz rompió el silencio.
-¿Quieres que lo golpee? ¿O que es exactamente lo que esperas? - Ten volteo tan rápido que se sorprendió como sus alas se deshicieron de pronto.
Ambos vieron como la mujer al lado de la ventana sonreía. Tenia el cabello rubio y corto. Apenas llegaba a sus hombros y sus sonrisas era tan ancha como sus ojos color celestes.
-¿Q-que? ¿que haces aquí? - Ten no podía hablar. Era su misión estar ahí, era algo que solo ella podía hacer, y ahora... Ahora una de sus hermanas estaba en ese lugar y con sus sonrisas de siempre, pensando en jugar con él. Con el chico que amaba.
-Ten... - Dijo la joven mujer. Sus ojos se agrandaron con confusión y sarcasmo. - Es hora.
La respiración de Sebastian se acelero, pensó en correr. Pero su cuerpo se planto mientras sus dedos temblaban.
-Koowen...
-Las demás llegaran en un momento. ¿Quieres que lo hagan?
-No. - Su respuesta salio tan rápido que sus labios temblaron con la salida de aquella palabra.
Ten no tuvo tiempo de pensar en el futuro. Giro nuevamente y encontró a un chico hundido en un profundo hoyo imaginario.
-Tienes que venir conmigo.
Pero Sebastian parecía no oír.
-Hombrecillo. - Le dijo su hermana. - ¿No la oyes?
Koowen empezó a caminar lentamente hacia la pared contraria. Sebastian no retrocedió sino hasta que la tuvo a tres pasos de él.
-¿Cuál es su nombre? - Koween vestía unos jeans ajustados y rotos en las rodillas, su cabello alborotado y sucio hizo que su camiseta blanca se viera andrajosa y vieja. Ten no quiso que se le acercara. Temía que dijera algo que solo haya estado guardando en secreto.
-Koowen... - Susurro Ten.
-Espera. - Dijo Koowen. Miro con ojos fijos a Sebastian, le tomo solo un segundo tocar su boca con la suya.
Ten sintió que se desmoronaba.
Y mientras su boca era tocada por los labios más helados que había tocado en toda su vida, una ráfaga de ilusión le dijo que aquello era real. Una rubia de cara delgada y ojos claros como el cielo mismo de un día de verano, lo estaba besando. Eso era irreal para un chico como él, considerado un nerd y desde hace más de 2 años, considerado un loco, pero el estaba sintiendo sus labios.
Ten esquivo tal escena. Miró el suelo, y luego de intentar tranquilizarse volvio la mirada hacia ellos.
-Vete, Koowen.
Su garganta se seco al hablar, miro como el chico a quién protegió durante tanto tiempo tenía los ojos perdidos en ningún objeto en sí. Mientras que sus labios tenían una delgada y fina linea de sangre que resbalaba por su mentón.
-Tranquila, Ten. Sabes que no me aprovecharía de un niño como él. - Y su sonrisa mostró la satisfacción de ver la poca sensibilidad que le quedaba a Ten.
Koowen deslizó su dedo indice por su labio inferior. Su labio también estaba manchado, pero de una manera casi opaca y apenas tocada.
-Vete.
Su sonrisa desapareció. Su mirada fija fue dura y asesina. A continuación su manos se abrieron y las sombras de dos alas grises aparecieron por su espalda. Pero poco a poco y a diferencia de Ten estas se hicieron casi invisibles.
La ventana se abrió antes de que Koowen la tocara. Su cuerpo desapareció cuando sus pies dejaron el marco de la ventana.
Sebastían no podía creer lo que veía. Ni lo que había sentido.
¿Quienes eran? ¿Porque una de ellas lo había besado? ¿Que era exactamente lo que querían de él?
Sus pensamientos se rompieron en pedazos cuando vio como la primera mujer caía en el suelo.
Ten no resistió lo necesario. Llevaba 4 días sin dormir. Y aunque aquello sonaba tonto para lo que ella era, eso no significaba que el dolor dado por su madre no existiera. Ella sentía como un humano cualquiera, su naturaleza por otro lado no se asemejaba en nada a lo que los humanos llamaríamos normal. Ella llevaba consigo ciertas normas, cosas que debía hacer y solo dejaron de existir cuando la vida de Sebastían se atravesó con ella.
-T-tú... - Su cara se mostró cerca a la suya, era agradable verlo de cerca, y aunque solo era la segunda vez ella sonrió cuando su boca expulsaba aquellas palabras que le mostraron que ella no era considerada ya un forma de inexistencia. - ¿que te ocurre? - Sus manos empezaron a deslizarse en el suelo, era hora de irse. Irse con él.
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